martes, 25 de agosto de 2015

El olvido selectivo para mantenernos mentalmente saludables

Crecer sanamente se vincula con olvidar selectivamente aquello que se va contraponiendo a nuestra nueva manera de ver el mundo a medida que maduramos.


A nadie nos resulta extraño no poder recordar algo que para muchos otros que lo vivieron, lo tienen tan presente como si fuese ayer.  Ciertamente nunca recordamos todo. Pero si es peculiar que ciertas cosas de nuestra vida las recordemos en una etapa y las olvidemos después.

Nuestra memoria no es un recipiente estático en el que solo depositamos algo y con el tiempo se va oxidando y olvidando. Nuestra memoria acompaña nuestro propio crecimiento personal. Y ayuda a olvidar lo que duele, pero también ayuda a recordar eso mismo quizá con otra perspectiva diferente al dolor y mas cercana al entendimiento.

En un momento de la adolescencia podemos recordar vividamente, las expresiones de dolor de nuestra madre, percibiéndolas como un gesto de debilidad.  Años después las mismas expresiones las podremos comprender como el gesto de la impotencia aprendida ante la adversidad.



Como entender cada momento de nuestra vida es en parte el resultado de nuestra voluntad. Pero también es el resultado de los cambios que vamos internalizando, incorporando y entendiendo con una perspectiva diferente a medida que maduramos.

Nuestro reto, al madurar, no es olvidar todo lo que nos duele. Es mas bien reinterpretarlo dentro de la óptica mas positiva que podamos, a veces por mas difícil que parezca.

La memoria de lo que olvidamos ... no se olvida. En realidad la memoria nos espera, hasta que sea el momento de recordar de nuevo con una nueva perspectiva.


3 comentarios:

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  2. Ese dicho popular que dice "Lo que no me mata me fortalece" aplica en éste caso, las contrariedades debemos transformarlas en oportunidades, cuando las cosas no suceden como queremos es por algo y si tenemos la objetividad para analizar las problemáticas que se nos presentan crecemos y nos fortalecemos en el proceso.

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    1. Gracias por tu comentario Fernando. En esa misma linea de pensamiento, parece que nuestra prodigiosa memoria es también una observadora activa y paciente de lo que necesitamos recordar para aprender y lo que necesitamos olvidar para recuperarnos. En historia propia a mi me había resultado fácil, durante 40+ años de mi vida no ver la presencia de mi padre en los pequeños detalles. Hace días me sangré los oidos. Al ver la sangre recordé que hace 45 años se me "extravió" un algodón mojado en el oido y entré en pánico junto con mi madre. Llegó el capitán (mi papá) sacó una pinza me agarró de la cabeza , sacó el algodón y me miró con ojos de no seas arguendero... y resolvió el asunto sin inmutarse. Durante 40+ años fue mas fácil evitar los recuerdos particulares y específicos que me fueron dando la fortaleza (poca o mucha) que tengo para enfrentar lo que haya por delante. No recordar esto y mas, fue el intento inútil de no reconocer lo pequeño y lo grande aprendido. Así pues, el olvido espera hasta que la memoria despierta... cuando estamos listos para asimilar lo que quiere decirnos. Y de esos pequeños y grandes momentos , está la vida llena, solo es cosa de tomarnos el tiempo.

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