martes, 25 de agosto de 2015

Ser Feliz: la última frontera

Nada puede substituir a la sensación interna y a la certidumbre mas subjetiva de todas: el sentimiento de la felicidad plena al percibir el presente


El viejo mito de que que crecemos, cambiamos y nos definimos a una edad temprana, como a los 30, es tan verdadero como el cuento de las arcas de oro que se encuentran donde principia y termina el arcoiris.

Este es otro de los grandes mitos debidos en parte a la longevidad promedio del pasado, pero también el resultado de gente que al escribirlo, se moría poco tiempo después o se quedaba atrapado en entender la adultez temprana. Hoy ya no es el caso.

Los estudios longitudinales a lo largos de mas de 75 años de dar seguimiento a la salud física y mental de cientos de personas en especifico, han marcado una enorme diferencia en lo que hoy entendemos por madurez. En resumen: no hay un estado final de madurez.

Cada día a lo largo de 1, 30, 50, 70 o 90 años, crecemos internamente y entendemos el mundo con variantes en que, aun cuando sigamos una linea evolutiva en la que seguimos siendo un mismo yo, nuestro yo aprende nuevas perspectivas y busca, a su manera, su forma de acercarse a su felicidad.



La evidencia de los estudios longitudinales como el estudio Grant de Harvard, indica que seguimos integrándonos continuamente, al recordarnos, al recordar a los nuestros, al imaginarnos a nosotros y a los nuestros, bajo una óptica que no conocíamos y a veces con una óptica dolorosa, de la cual cuesta trabajo desprenderse.

No hay estación final en nuestro desarrollo. Todas son estaciones transitorias que nos van llevando hacia adelante. No hay estaciones aisladas y en solitario, aunque así lo parezca. Casi siempre son estaciones que recorremos en compañía, consciente o inconscientemente. Pero siempre hay alguien alrededor del cual o de quienes, nuestra vida va adquiriendo un sentido mas cercano, mas amplio y mas profundo.

2 comentarios:

  1. Por mi propia experiencia, concuerdo con lo publicado por Octavio. Las experiencias y reflexiones de hoy, por marcar un hito en el tiempo, me hacen diferente a lo que fui ayer. Si bien decimos que tenemos una personalidad esencial, ésta es el resultado de un cúmulo de aspectos, entre ellos el que brinda nuestro entorno, las concepciones sociales aceptadas por nosotros y con las que no comulgamos también.

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  2. Gracias Fernando por tu comentario. De hecho es muy reciente que se haya intentado entender la madurez. Ciertamente apenas al ir terminando el siglo 20 empezó a quedar claro que había algo mas en el desarrollo humano, que rebasaba los limites de los incipientes 30, 40 o 50 años de vida. Hoy en día la evidencia apunta a que después de la tremenda batala que es levantar una familia, desarrollar una carrera, conservar un empleo ... y sobrevivir, aún después de todo esto hay un ENORME crecimiento personal mucho del cual gira en parte alrededor de entendernos mejor a nosotros, recuperar lo mejor que somos y podemos ser, cohesionarnos con los que queremos, abandonar nuestro rol de ejecutores o realizadores de acciones para empezar a adoptar roles de guardianes de tradiciones, de costumbres y de un intento mas propositivo de integrarnos, personal y socialmente.

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