viernes, 25 de septiembre de 2015

¿Los mecanismos de defensa, que tanto nos han servido de adolescentes, ...

... se convertirían en una bendición o en una maldición en nuestra edad madura?

 

Los mecanismos psicológicos de defensa, son las maneras, no necesariamente sanas, en que buscamos preservar nuestra imagen, evitar que nos lastimen, mostrar vulnerabilidades o debilidades que queremos preservar como propias o intimas, etcétera.

Antes de enumerarlas y describirlas, conviene entender lo que obstaculizan. Nos suena natural defendernos ante cualquier evento que nos pone en duda, nos cuestiona, o nos produce un dolor psicológico inmanejable. Pero ¿que tanto podemos evolucionar cuando en vez de, por ejemplo, reconocer lo que nos lastima procedemos a atacar basándonos en el enemigo que percibimos que nos acecha?


 

Ese es uno de los mayores problemas que nos generan nuestros mecanismos de defensa: nos acostumbramos a ver la vida y a los demás como un continuo campo de batalla en el que no hay tregua ni espacios, ni amigos, ni buena voluntad, ni solidaridad, ni amor. Peor aun, nos podemos acostumbrar a vernos a nosotros mismos (redundancia voluntaria), como parte de aquellos que, en el fondo, son nuestros enemigos.

 Desprendernos del todo de nuestros mecanismos de defensa, de la noche a la mañana, puede parecer iluso o hasta temerario. Pero si requiere estar atento siempre a lo que sentimos, a como respondemos y al como vamos alejando y a veces lastimando a los otros en forma indiscriminada.

Los estudios de longevidad han mostrado que un desarrollo personal pobre y mayormente defensivo, conduce de manera natural a la soledad, el aislamiento, la carencia de solidaridad. Puede no conducir directamente a la muerte, pero le favorece con mucho el camino.

Empezamos abriéndonos al mundo, cuando desarrollamos nuestra identidad y fortalecemos nuestra intimidad vía la relación con los demás. Erik Erikson describió hace varios años estas etapas del desarrollo psicosocial vía las cuales preparamos nuestro terreno para convertirnos en personas generativas e integrativas.

Reconocer nuestros mecanismos de defensa mas comunes, nuestros miedos y debilidades es parte del proceso de madurar y preparar el terreno para una maduración profunda y duradera.

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