sábado, 8 de octubre de 2016

El lenguaje de las virtudes

Hay un juicio de valor cuando decimos que alguien  practica una virtud o es congruente con algún valor. Y en muchas ocasiones el que lo practica puede ignorarlo, o el que lo atestigua puede pasarle desapercibido.


Cada familia se esfuerza, a su manera, en desarrollar en sus integrantes una o varias de las virtudes que consideran criticas... claro cuando la familia es una prioridad.

Desarrollamos una virtud no como concepto general, sino practicando pequeños actos que nos van haciendo virtuosos en algún aspecto en especifico. No desarrollamos el Amor como una virtud genérica, sino amando a personas, o animales en especifico. Y mientras amamos es posible que amemos algo de las mismas cosas o gentes que amaron nuestros padres o aquellos cercanos a nosotros.





Así para cada virtud o para cada comportamiento virtuoso. Puede venir de una doctrina o de un modo de vida en la que no se practicó ninguna doctrina. 

Tenemos ojos negros o azules o castaños por tal o cual ancestro. O somos altos o bajos por un antepasado. Pero no somos igual de conscientes de que nuestra madre o padre fueron amorosos y expresivos gracias a tal o cual abuelo. No parece tener ninguna utilidad saber de donde vienen las virtudes de cada uno.



Y así vamos, ignorando muchas veces, en donde se origina lo mejor de nosotros hasta que  ... nos topamos con lo peor y queremos entenderlo, quizá para encontrar una razón, una justificación o un culpable.

Ante las virtudes, no hay culpa o razón para justificarse. Solo pudiese haber una motivación de reconocer a aquellos que nos han aportado tanto, para agradecerles, de corazón o de presencia. Es parte de lo que se ha esfumado en muchas familias. Es parte de lo que empieza a faltar ante la perdida progresiva de la memoria familiar.

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