viernes, 29 de septiembre de 2017

Monólogos de la Derrota

¿Me deprimo porque me reprendo o viceversa?

No es tan raro que nos hablemos a nosotros con un ánimo de derrota, convencidos a veces, de que nuestra derrota es general, es perdurable y es algo personal. Cuando empieza a pasar, cuando los monólogos de nuestra derrota son cada vez mas frecuentes, estamos listos para derrotarnos y deprimirnos.




Como se decía hace un tiempo ¿lloras porque estás triste o estás triste porque lloras? Así también se puede uno preguntar ¿me deprimo porque me entablo en monólogos derrotistas o a la inversa?

De hecho no importa cual ocurre primero, es más importante saber cuando iniciamos nuestros monólogos derrotistas. ¿Que sucede cuando empezamos a derrotarnos? ¿Es un tópico de conversación o es la persona con la que hablamos? ¿Es un recuerdo que surge reiteradamente o es una dificultad que encontramos que nos hace bajar la guardia? ¿Es una intuición dolorosa del futuro cuando hablo con el médico?

Averiguar todo esto toma tiempo, valentía y coraje. Eso es lo que ahorran los farmacos y los electroshocks, para luego dejarnos igual. La diferencia fundamental es que a medida que vamos conociendonos, a medida que vamos entendiendo nuestros monólogos, vamos fortaleciendo no solo nuestra capacidad auto analítica, también aprendemos a no ser infelices y, si, a ser felices.

Puede parecer raro. Empezamos sabiendo identificar lo que nos derrota y en el proceso de aprender a hacerlo, también podemos ir identificando lo que nos hace felices. O podemos, desde el principio, aprender a mantener diálogos constructivos que nos ayuden a identificar lo que nos hace felices.

No basta con identificar lo que nos hace felices o infelices. Lo que nos derrota o lo que nos llena de jubilo. También necesitamos hacer algo al respecto, persistentemente.

Este proceso que empieza con el auto análisis, a algunos nos ha tomado 40 o 50 años. Pero no sabíamos que era una parte crucial de las rutas para ser feliz. Intuíamos, sin saberlo, que lo que platicabamos con nosotros mismos, nos influenciaba radicalmente, para bien o para mal.

Pero hoy no es intuición. Es certeza: nuestros diálogos internos marcan cada segundo de nuestra vida y siempre son el mas cercano consejero que tenemos. Nuestros diálogos internos nos acompañan toda la vida y hasta la muerte.

Aprender  a hablarnos es una de esas habilidades y capacidades, que no debemos pasar por alto. Entre mas pronto, mejor.


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