martes, 12 de diciembre de 2017

Arrepentirse y desear que el pasado quede atrás... pero no.

Mientras el pasado quede atrás, ni siquiera hay motivos para arrepentirse. El problema es que sospechamos que el pasado puede repetirse.


A todos nos ocurre que a lo largo del camino nos encontramos arrepintiéndonos de algo. Y lo hacemos porque intuimos que aquello de lo que nos arrepentimos puede venir a perseguirnos, o porque no concuerda con lo que pregonamos.

En un mundo donde no pudiésemos repetir el pasado, ni hubiese un imperativo por ser congruentes, arrepentirse sería una total perdida de tiempo. Pero nuestro mundo no funciona así. Cada instante del futuro trae gotas del pasado.

Nuestra reacción contra un padre, puede repetirse con nuestros hijos, o de ellos hacia nosotros. Nos deja en el fondo la impresión de que  pudimos actuar diferente. Y si no hay nadie a quien pedir perdón, arrepentirse puede convertirse en una sensación de todos los días.

Nuestro estilo contra un empleado, puede revertirse con nuestro jefe o puede que nuestra reacción nos traiga el riesgo de etiquetarnos como incongruentes. 

La trampa es, entre personas mentalmente sanas, que asumimos que el mundo será lo que hagamos de el y lo que hagamos con los demás. Y hay mucho de verdad en ello. No es que haya un karma, es que lo que construimos como nuestro espacio psicológico, nos persigue, para bien o para mal, junto con la gente que amamos, odiamos y veneramos.

Pero ¿hay opciones al arrepentimiento además de las meramente religiosas? Seguramente las hay, pero la más relevantes es entender la lección correcta, aquella que NOS permita crecer y no quedarnos ensimismados y absortos en todo lo que hay para arrepentirnos. Terminar un ciclo de arrepentimiento con una oración, nos deja poco espacio para reflexionar y corregir el futuro.

Pasan los años y el cumulo de arrepentimientos crece y tiene uno que saber como ir dando salida a esos recuerdos que pueden convertirse en amargura o en acciones específicas que nos hagan mejores, con los mismos que están o con aquellos con los que se repetirá, en el futuro, una escena del pasado.

No es que el tiempo sea cíclico, es que nosotros somos un engranaje de acciones y emociones ante ciertas circunstancias, que sostenemos la mayor parte de la vida. Los mecanismos que creamos a lo largo de la vida para sobrevivir, defendernos y disfrutar, siguen siendo en su mayor parte los mismos a lo largo de nuestra existencia.

Por eso la importancia de no engañarse con ese absurdo cliché que señala que el pasado debe dejarse atrás. Es falso. El pasado hay que reflexionarlo para sacar lo mejor de él, en el futuro.

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