martes, 26 de diciembre de 2017

Soñarse uno mismo

Saber quien es uno, es difícil. Pero saber como cambió uno, requiere ...


Se requiere persistencia y crudeza con uno mismo para saber en que uno ha cambiado. Pero no puedes dejar pasar el ejercicio de saber quien es ese nuevo que tú eres.

Quizá no lo era antes, pero hoy en día rara vez es uno el mismo que fuimos, en la adultez temprana. Piensale.

Si la gente no hace mucho tiempo vivía en promedio 40 a 50 años, y se mantenían en un mismo oficio, era difícil darse tiempo de repensarse. Y casi todos fuimos criados, con aquella idea de que somos una profesión, un paquete de compromisos y una deuda de por vida. Y muchas sociedades persisten en transmitir la misma idea: somos una profesión, un paquete de compromisos y una deuda vitalicia.

Pero ha pasado mas de un siglo y pocas veces somos los mismos que aquellos que consiguieron su primera novia, su primer oficio o su primera deuda.

Rara vez, cuando cruzamos el umbral de los 40, seguimos firmes en la convicción de que nuestro destino está escrito y es ineludible. Tan ineludible que aquel psicológo famoso, sigue siendo famoso por decir aquella falsedad de que infancia es destino.

Pero sucede, comúnmente, que acallamos aquellas inquietudes que susurran que ese yo que fui, ya no soy. Y si en algún momento de nuestra historia nos pensamos como ultra-racionales, acallamos la voz que sugiere una sensibilidad incipiente, mas intima y a flor de piel.

Y puede que sospechemos que el modo de vida que seguimos, ya no es el que nos satisface, pero elegimos callar esa voz quizá porque es mas fácil, o menos incierta o porque plantear un cambio, ahora 30 o 40 años después, se siente como entrar a un callejón sin salida.

Peor aún. A veces ni siquiera nos preocupa tanto sorprendernos a nosotros mismos.  A veces nos atormenta mas sorprender a otros con un cambio de esquema mucho mas radical que un corte de pelo o de vestuario. Y en el cambio de ropa se puede vislumbrar una desnudez que no queremos que se vea.

Preocupa tanto el que ya no nos vean con las mismas metas, los mismo objetivos, la misma energía, que preferimos ni asombrar a otros, ni asombrarnos a nosotros mismos. Seguir el mismo esquema es mas reconfortante para todos. Y mejor seguimos deseando lo mismo que ya hemos deseado en las décadas recientes, aunque el que lo desea ahora, no sea el mismo que lo deseó al inicio.

Nos cuesta trabajo cambiar nuestra imagen inicial porque es una vestimenta que se nos pega a la piel, tanto que resulta difícil desprenderse de ella.

Por eso conviene tratar de saber quien es uno ahora, porque solo así sabremos de que creencias de mi mismo, voy a desprenderme.

Conviene tenerlo presente porque podemos caer en el engaño de perseguir los sueños de un yo, que ya no existe. De un yo que dejamos atrás, sin darnos el tiempo para encontrar que ya somos diferentes y que podríamos regalarnos el enorme placer de re-descubrirnos y sacar a flote otras cualidades que son mucho mas auténticamente nuestras, aunque nos asombren a nosotros y a los demás.

Hay que atreverse a verse. Y hay que atreverse a dejar de ser el mismo que ya no somos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario