miércoles, 28 de febrero de 2018

En medio de la enfermedad.

Hay varias enfermedades en las que, pese a que la bacteria o el virus que la provoca está presente en el "paciente", no se manifiesta como síntoma en muchas personas. La diferencia entre aquellos que manifiestan los síntomas y aquellos que se mantienen asintomáticos, es la capacidad de unos y otros para crear su felicidad y enfrentar la adversidad, el conflicto y el estrés.


Desde que los microbios y en particular las bacterias y luego los virus, se empezaron a culpar como los causantes primordiales de las enfermedades infecciosas que azotaban al mundo, se desató la carrera por encontrar mas culpables, mas vacunas y en la mayoría de los casos mas fármacos.

Pero ni el mismo Koch (que descubrió al causante de la tuberculosis), ni Pasteur (que descubrió la pasteurización y la teoría de los germenes), se creían ellos mismos que el germen (bacteria o virus) por si mismo y de manera aislada, causaban las enfermedades.


Koch mismo demostró que es común que la gente lleve consigue la bacteria del cólera, y ni se entere. De otra manera la mayoría de los mexicanos y gente de la India, estarían muertos. Hoy sabemos que hay gente, 95% para ser exactos, que lleva años con el bacilo de la tuberculosis y no se entera. 40% de los que llevan el virus de la hepatitis B, tampoco se enteran. 

Así que la idea de atribuir solo a los germenes la causa de las enfermedades infecciosas, estaba desacreditada en ciertos círculos, pero resultaba muy conveniente para los vendedores de fármacos.

Hay factores adicionales que en esos tiempos de finales del siglo XIX no se conocían. En particular no se entendía el funcionamiento del sistema inmune, ni el rol de los linfocitos y su interacción con las peculiaridades psicológicas de cada persona, en particular su manera de manejar el estrés, y sus formas de mantenerse feliz y saludable.

Recientemente, a medida que las enfermedades infecciosas fueron siendo abatidas, gracias en buena medida a mejores fármacos y sistemas de salud, el surgimiento de enfermedades atribuibles al funcionamiento interior de las personas, como la diabetes y las enfermedades cardíacas, sin ningún germen involucrado, hizo ver con mayor claridad que nuestro organismo no actúa solo en respuesta a alimentos, químicos o ambientes, también responde y se debilita como resultado de nuestra manera de enfrentar, manejar o dejarse abatir por el estrés, la angustia, los conflictos y la sensación de impotencia para enfrentarse al mundo cotidiano.

En uno de esos estudios epidemiologicos afortunados en 1966, cuando se anunció la llegada de la influenza aviar al área de Baltimore, se seleccionaron 600 empleados federales, antes de que el virus llegara de lleno a los EUA. A cada participante se les aplicaron pruebas psicológicas para indagar su estado actual de estres y conflicto personal.

Tres meses después, cuando la epidemia de influencia asiática ya se había propagado en Baltimore de lleno, se evaluaron a aquellos que se habían enfermado y a los que no. 

Los que habían sido diagnosticado como psicologicamente vulnerables (no sabían como lidiar con los problemas que enfrentaban y se sentían alicaídos) se enfermaron  tres veces mas que los que mostraron una mayor salud psicológica acorde con las pruebas psicológicas.

Luego vigilaron el tiempo de recuperación de los que habitan enfermado. Los que mas tardaron en recuperarse y tuvieron los peores síntomas, fueron aquellos que ya habían manifestado mayor incidencia o propensión a la depresión.

La concepción actual es que la medicina alópata que solo busca agentes causales en los germenes o factores organicos que ocasionan las enfermedades como las cardíacas o la diabetes, no está entendiendo el factor psicosocial.

Pero la implicación para nosotros como pacientes potenciales es clara: la búsqueda de la salud no es solo prevenir las enfermedades en su origen externo, tenemos que buscar hacia la vida personal e interna que nos fortalece o aquello que nos debilita psicologicamente y nos hace mas susceptibles de caer enfermos. Quiza por una marcada caída en la fortaleza de nuestro sistema inmune o por otra carencias que no hemos sabido entender, o nos negamos a aceptar para atenderles. 


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