viernes, 2 de marzo de 2018

La euforia y los días.

Los exabruptos pueden ser muy disfrutables. Expresar emociones contenidas puede hacernos sentir alivio. Pero conviene no confundir una confrontación de llantos y verdades, con la tierra firme de las acciones cotidianas.

Muchos hemos tenido la urgencia de manifestarnos en casa. De decir al menos algo de lo que traemos oculto. Y llega el momento y se dice. A gritos o con llanto. Con empujones o con abrazos. Y es probable que ese día marque una diferencia. O se inicie una ruptura.



Pero después de los exabruptos y de las frases fuertes. Después de las lagrimas o los abrazos. Después de las palabras duras o los ruegos. Después de decir buena parte de lo que se ha callado, viene la realidad de los días. 

Algunos somos impactados por metáforas. Por declaraciones poéticas. Por palabras y llantos. Incluso por chantajes sutiles pero certeros. Y cuando todo eso se va, cuando se empieza a diluir, cuando pasan los días, quedan los huecos de todo lo que se dijo que dolía, pero no aquello con que reconstruirlo. Esa es la parte más difícil. La que de fondo indica nuestro deseo mutuo de buscar alternativas.

En muchas ocasiones, los exabruptos y confrontaciones emocionales marcan la ruptura. No hay mucho más de que hablar. Se abrió un abismo y ninguna de las partes tiene ganas de tender puentes. A veces el simple paso del tiempo amortigua las palabras. O simplemente, el paso del tiempo nos hace diferentes.

 En otros casos solo son un intermedio. Cada uno reconsidera su posición y puede que se abra una oportunidad de hablar de nuevo. O puede que no.


 Pero también hay momentos de conflicto y exabruptos, que marcan el inicio de un mejor entendimiento. Cuando esto sucede es porque hemos entendido las razones del otro. Porque hemos encontrado un terreno común. Porque hemos tenido las ganas de preservar y hacer crecer la relación, pese a sus dificultades

Porque a final de cuentas nos hemos dado cuenta, ambas partes, que la otra persona es importante para nosotros y nosotros lo somos para ella. Pero que las palabras son solo la mitad del compromiso diario y sostenido, cotidiano y persistente.

Por estas razones, pueden ser buenos los exabruptos. Incluso pueden ser benéficos los momentos de euforia con sus gritos de jubilo, aplausos, copas y los bailes. Pero sin esa parte final de comprometerse el uno con el otro, en las acciones aterrizadas en los hechos cotidianos, todo puede perderse en exabruptos emocionantes, pero inútiles.



Figuras tomadas de:

https://www.artmajeur.com/es/art-gallery/renaud-philippot/307996/renaud-philippot-les-jumelles/9402478

http://amantesdelafotografia3.ning.com/profiles/blogs/para-mi-amiga-invisible-nataliorion

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