jueves, 8 de marzo de 2018

Prepararse para lo peor, siendo mejor.

Nos sucede a casi todos. Cuando no hay huracanes, nuestra casa parece firme, aunque no haya cimientos. Cuando no enfrentamos problemas ni conflictos, nuestros modo de actuar parecen idóneos... hasta que el conflicto ocurre o las tragedias nos estremecen.


No se tiene que ser pesimista para prepararse para lo peor. De hecho aspirando a ser mejores en lo que atañe a nuestra salud física, mental, emocional y social, disfrutamos mas la vida y nos preparamos para los tiempos que vienen. Sean tiempos buenos o tiempos malos.

Esto es algo que hemos empezado a entender un poco, solo un poco, como sociedad. Pero que pocos creen de fondo cuando se trata de nosotros. De ti y de mi.

Muchos de los que construyen, ahora tienen mas en cuenta los temblores, porque ya hemos visto la devastación que causan y las muertes que originan casas, escuelas y edificios construidos sin consideraciones a lo peor que puede pasar. Pero aún así, seguimos viendo centenares de muertes causadas por negligencia o corrupción.

Pero a muchos de nosotros nos sucede lo mismo cuando se trata de nuestra salud. Nos insisten que una dieta saludable nos fortalece y nos prepara para las enfermedades, pero es más fácil esperar las enfermedades y tomar los medicamentos que correspondan. Esa es la historia de millones en el mundo.

Nos dicen que mantener un sistema inmune fuerte y vigoroso es la mejor manera de anticiparse a las enfermedades. Y nos advierten que el estrés, o lo que percibimos como estrés, nos debilita el sistema inmune y nos hace presa fácil de enormidad de enfermedades como el cáncer, o las enfermedades cardíacas. Pero ahí estamos. Adictos al estrés, al conflicto, a las prisas y al desgaste, hasta que un día terminamos en el quirófano. ¿Para que preocuparse ahora por tener un sistema inmune fuerte y vigoroso si existen los  marcapasos y la quimioterapia?

Así también nos sucede con la vida emocional. Cuando estamos contentos, la calidad de la vida emocional parece un poco irrelevante. Incluso podemos estar contentos con comportamientos sutilmente patológicos. ¿Para que preocuparse si todo jala bien? ¿Para que hacer un auto análisis de quienes somos y que queremos construir ahora y a futuro, si ahora todo parece funcionar? ¿Para que pensar en el futuro de la vida como pareja, si ahora todo marcha bien? Mejor esperamos el terremoto.

Si el camino de la mejora es mas reflexivo  e introspectivo, como dedicarle tiempo a la atención plena en uno mismo, o la meditación sin guru ni maestro, entonces esa posibilidad suena aun mas irrelevante y poco útil. ¿Para que? ¿De que sirve escucharme a mi mismo? ¿De que sirve observar mis pensamientos transcurrir si no puedo reaccionar para hacer algo?

Hay pocos que saben cuales son los cimientos mas fuertes de si mismos, por lo cual ¿para que preocuparse de las tormentas? Pero hay aun muchos menos que saben como hacerse fuertes, en su parte emocional y social. ¿Para que hacerse mas fuerte si con esa fortaleza actual nos mantenemos vivos y contentos?
Paradójicamente, la mejor manera de enfrentar el futuro es ahondando en nuestro presente. Ahondar en nuestro presente, significa identificar aquello que nos hacer vibrar de emoción profunda y feliz. Aquello que sabemos que se nos refleja afuera porque viene de muy adentro de nosotros. Aquello que nos hace ser mejores en este momento, que nos permite hacer saber a otros que estamos ahí, presentes para ellos y para nosotros, y que por eso, nos va permitiendo saber que queremos que el futuro nos traiga.

Ahondar en el presente y lo que nos dice a todos los sentidos, ayuda a saber que queremos del futuro.

No hay que esperar a los temblores, ni las crisis, para fortalecernos, mientras vivimos un mejor y un mas profundo presente.



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2 comentarios:

  1. Muy buen artículo Octavio. Creo qué hay algún sector de la población que ya va haciendo consciencia sobre este mirar hacia dentro y trabajar en sí mismos. Faltan muchos que si lo hicieran nos harían la vida un poco más sencilla a los demás.

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