lunes, 2 de abril de 2018

El latir de las palabras

Puede uno tomar su propia respiración como su metrónomo. Ese que te marca ciclos básicos de la vida, sin los cuales ni existiríamos. Pero hay más. Otros compases. Otros ritmos. Otros susurros que cada uno trae. Solo tienes que encontrarlos.

Los admiro. Esas largas letanías y mantras, que algunos pueden recitar como si en cada palabra, en cada verso, su corazón se alargara y se hiciera inmenso. 


Para mi el sonido de las palabras agarradas a una imagen, son las que me adentran en mi mismo. Son palabras que surgen de no se donde, pero que cada uno tiene su peso y su punto. No hay otra que en esa oración la substituya. Se diría que cada vez que salgo a caminar busco, sin saberlo, mis propios mantras. Mis maneras de agradecer la belleza que miro y que respiro. De disfrutarme incluso a mi mismo.

Como en esta ocasión, gracias carrizales, que me llevó a decirme:


Los que van surgiendo. 
Los verdes. 
Los que apenas. 
Los que ya no son brotes. 
Los que quieren casa. 
Los que extrañan la lluvia y los arroyos. 
Los que inundan de vida y se revierten en paja. 
Mariposas de caña que dejan su capullo, 
cuando su alma verde, vuela.


Gracias tarde.

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